El 5 de diciembre de 2025 asistí a la presentación del libro Ritmo y vuelo. La belleza del movimiento, de Álvaro Galmés Cerezo (Editorial Pre-textos) en la Librería Alberti. Durante el coloquio, en el que también participaron Santos Bacana y Tomás Marco, Álvaro —arquitecto, escritor y artista plástico— fue desgranando las ideas de su obra de una manera que no solo despertó en mí el deseo de leer el libro, sino que dio forma concreta a una intuición que llevaba tiempo asomándose en mi cabeza…

El taller Makaria, un lugar donde las manos piensan

Aquella intuición tomó cuerpo el 27 de mayo de 2026. Durante una tarde, el Taller Makaria dejó de ser únicamente un espacio para la creación manual —que es su vocación principal— y se convirtió también en un lugar intelectual a partir de la conversación, la reflexión y, en definitiva, el encuentro con el pensamiento. Guiados por las preguntas de Teresa Arsuaga, amiga del autor y también amiga mía por su cercanía desde la infancia con mi familia, Álvaro nos fue llevando de la mano por las páginas de su obra, invitándonos a descubrir la belleza que habita en el movimiento.

Una razón poética

Durante mis estudios del grado en Humanidades, me cautivaron pensadores como Henri Bergson y María Zambrano. El lugar privilegiado que otorgaban a un pensamiento no discursivo-racional, sino más bien intuitivo-poético, se adecuaban perfectamente a mi modo de pensar (y diría que hasta de vivir). De hecho, el concepto de razón poética en María Zambrano fue el protagonista de mi investigación de final de carrera. Desde entonces, me he acercado a muchos autores buscando ese modo de reflexionar y reconozco que, en Álvaro, sin perder en absoluto la precisión científica, hallo un razonar poético que conecta con la vida. Con mi vida.

Bailar interiormente

El enfoque de las preguntas de Teresa fue clave para que la treintena de personas que nos reunimos aquella tarde pudiéramos adentrarnos en la propuesta del libro. Partiendo de experiencias primigenias de nuestra existencia —el balbuceo, el acunarse en los brazos de la madre, los primeros pasos o incluso el salto—, Álvaro nos fue descubriendo, con una delicadeza poco común, la belleza que habita en el movimiento.

No es mi propósito, en esta breve reflexión, hacer una síntesis de la obra —gozosa tarea que dejo en tus manos, querido lector, quizá para este tiempo tranquilo de verano—. Sí quisiera, en cambio, poner de manifiesto que durante unas horas en el Taller Makaria personas de ámbitos muy diversos —artistas, abogados, arquitectos, pensadores…— hablamos un mismo lenguaje y, sin movernos de la silla, llegamos incluso a “bailar” interiormente al compás de esa música inocente y delicada que brota del pensamiento de Álvaro.

Un espacio para cultivar lo humano

En esa tarde quedó inaugurado el Taller también como espacio intelectual, donde ojalá muchos autores de la categoría de Álvaro puedan enriquecernos para, en el fondo, vivir mejor, que es de lo que se trata. Cuando pensé en el lema de Makaria, where art meets life, pensaba precisamente en esto: experiencias estéticas (pictóricas, artesanales, literarias… ¡Quien sabe si quizás musicales o teatrales!) donde la bondad originaria de la creación se custodie, se cultive y madure (cf. Magnifica Humanitas, Leon XIII, nº. 20).