Transformar el grito en canto
Últimamente he frecuentado algunas exposiciones y, cuando salgo de ellas, siempre me viene al corazón la siguiente pregunta: ¿El arte es solo expresión? Está claro que todos tenemos derecho a expresarnos, no hacerlo es dañino para nuestra salud física, psíquica y espiritual. No obstante, no se puede decir cualquier cosa a cualquier persona de cualquier manera y en cualquier momento.
Hace unos años di con unos versos del poeta francés Louis Aragon (1897-1982) y hoy vienen, desde el baúl de mi memoria, a dar luz a una posible respuesta a la pregunta que me persigue:
“Y sin embargo, es preciso que haya canto.
No puedo ser únicamente un grito.
Escuchad cómo lloran en vuestro interior las historias del pasado.
El terrible grano que siembran hace que maduren con cada poema las rebeldías renovadas”[1].
¡Transformar el grito en canto! Esto es el arte. ¿El arte es solo expresión? No. Es la sublimación de la expresión. En lenguaje gitano —soy una apasionada del flamenco— podríamos decir: transformar la pataleta en taconeo. Solo así maduran esas rebeldías renovadas. Pero para ello, y esto es lo difícil, para llegar a esa sublimación, es necesario que el artista emprenda un itinerario de amor, un camino de integración. Cuando se expresa algo, aunque sea duro y doloroso, sublimándolo por esa vivencia de amor, hay belleza, hay canto. Si no, hay grito, hay pataleta.
Los cauces de la Belleza
El arte, en sus múltiples manifestaciones, en los diversos cauces que manan de la fuente de la Belleza, se convierte así en luz en el camino de la vida. Cuántas veces la melodía de una canción, el verso de una poesía, la serenidad del rostro de una escultura, la escena de una película, los colores de una pintura… han venido a nuestro rescate y han esclarecido decisiones que se han convertido en vitales. Personalmente, podría poder un ejemplo de cada una de esas canciones, poesías, películas… E imagino que todos podríamos. De hecho, en la Antigua Grecia, el concepto de «bueno» (κ ἀλός – kalos) y «bello» (καλός – kalos) estaban estrechamente relacionados, formando la idea de «Kalos Kagathos». Esa epifanía de lo Bello-Bueno en el arte se convierte en luz para la vida de los hombres.
Una nueva aurora para una humanidad dormida
Hoy podemos decir que la humanidad vive una crisis de sentido. Algunos creen, incluso, que se trata de una humanidad “muerta” por dentro. Sin embargo, empleando un lenguaje evangélico, podemos decir: “no ha muerto, sino que está dormida” (Lc 8, 52). ¿Cómo despertarla de su sueño? ¿Cómo salvarla de su adormecimiento ante lo más hermoso y grande de la vida? Esta inquietud me hace recordar estas palabras orantes de Benedicto XVI: “Que el Señor nos ayude a redescubrir el camino de la belleza como uno de los itinerarios, quizá el más atractivo y fascinante, para llegar a encontrar y a amar a Dios”.
Desde mi pequeño rincón
Como artista contemporánea escondida detrás de Makaria, quisiera reivindicar esta hermosa misión del arte y, si no es mucho atrevimiento, traducirla en obras concretas. Hace unas semanas, entregando la nueva obra Ebele XL en lienzo, el hijo de los clientes, con tan solo dos años de edad, exclamó: “¡Bonito!”. Fue un consuelo interior, pues el alma sencilla de un niño ve con sus ojos limpios y habla con su boca sincera. Puede ser, quizás, el mejor crítico de arte para todas las épocas. Agradecida por su sentencia, confirmo mi postura: el trípode «verdad-bien-belleza» ha de latir durante todo el proceso artístico.
[1] Louis Aragon, Le fou d’Elsa. Poème. (París: Gallimard, 1963), 365-368.


¡Precioso (o mejor dicho: bello) tanto en forma como en fondo!
La Gran Belleza, sin duda alguna, que hace atisbar al Creador en lo creado, con la dificultad de no caer en la frivolidad que impregna ahora todo.