Existe un álbum de Paco de Lucía titulado Cositas buenas. Desde hace años voy guardando también mis propias “cositas buenas”: esos acontecimientos que, por inesperados, dejan una huella profunda en el corazón. Esta historia es una de ellas.

De Madrid a Brasil: cuando el arte encuentra nuevos caminos
Este mes de marzo contactó conmigo a través de Instagram el maestro Rui Kopp, profesor de arte de una escuela en Brasil: el Complexo Educacional da Vila São João, perteneciente a la red pública de educación de la ciudad de São João de Meriti, en Río de Janeiro. Quería hacerme saber que, en sus clases de pintura con los pequeños, proyecta las ilustraciones de Makaria a través de Instagram.

La sintonía de los alumnos con las escenas representadas era tal que el maestro decidió poner en marcha un proyecto en el que los niños reinterpretaran mis imágenes desde su propio lenguaje artístico. Los alumnos, de entre nueve y doce años, realizaron un trabajo titulado Minha Terra em Meriti, inspirado en los dibujos de Makaria y en diálogo con otras referencias artísticas, como la obra Casarias de Alfredo Volpi. El resultado final fue la creación de un gran panel colectivo que reunió las obras de todos los pequeños artistas y que posteriormente se expuso en la escuela.

Este acontecimiento, como puede verse en las fotografías y en este vídeo, ha supuesto para mí una verdadera conmoción. Nunca imaginé que unas ilustraciones nacidas en el silencio de mi pequeño taller en Madrid acabarían dialogando con niños al otro lado del Atlántico. Es una experiencia hermosa por su profundidad y trascendencia: un recordatorio de que el arte tiene una capacidad extraordinaria para crear vínculos allí donde menos lo esperamos.
Makaria y la inocencia de la infancia
El universo de Makaria se caracteriza, indudablemente, por ese énfasis en la dignidad de la mujer, pero también por una profunda conexión con la inocencia de la infancia. Quizá por eso los niños —y no solo ellos— parecen comprender con naturalidad las escenas que aparecen en mis pinturas y entrar en diálogo con ellas. Los ojos de un niño me parecen especialmente aptos para la contemplación, para descubrir aquello que el arte revela: una belleza que no necesita demasiadas explicaciones para ser comprendida.

La belleza que cruza fronteras y une generaciones
Estoy profundamente agradecida a Dios por este encuentro entre fronteras, culturas y generaciones a través de la belleza. Mi enhorabuena al maestro Rui Kopp, al Complexo Educacional da Vila São João y, sobre todo, a estos pequeños artistas.

Ellos han acogido la inspiración y la han traducido espontáneamente a un lenguaje propio, con libertad y soltura, sin esos miedos que tantas veces limitan a los adultos en el despliegue de la riqueza de su propio corazón. Dejemos que, a través del arte, se exprese ese niño que todos llevamos dentro.


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