Expresiones que celebran la paciencia en distintas culturas
Aunque la expresión Petit à petit, l’oiseau fait son nid es francesa, está muy arraigada en muchos países africanos francófonos. Su traducción sería: ‘Poco a poco, el pájaro construye su nido’. En suajili hay otra expresión, Pole, pole, que viene a significar lo mismo. En el Congo, Mokó na mokó quiere decir ‘Uno por uno’; en Etiopía suelen expresar esta idea con las palabras Bicha bicha. Y ya saliendo del continente africano, territorio del que brota la inspiración en Makaria, existen hermosas expresiones, como Piano piano en italiano o Devagar devagarinho en portugués, que además introduce el matiz del cariño y la ternura en la paciencia. La lista sería interminable, pero bastan estos ejemplos para caer en la cuenta de que el hombre recorre su existencia progresivamente, a través de procesos en los que camina cayéndose y levantándose.
El arte de avanzar despacio
Este pensamiento sobre la progresividad me acompaña habitualmente, pues quizás en el trabajo manual, en la artesanía, esta idea se hace carne, se hace barro, puedes tocarla. Pero un día caí en la cuenta, con más fuerza que nunca, de la necesidad de este ritmo paciente. Una mañana, antes de que empezara la Misa, desde mi banco, el silencio de la oración fue misteriosamente interrumpido por el sonido de unos pies que, poco a poco, se deslizaban en el suelo. Parecían susurrar: po… co… a… po… co… Se trataba de un anciano que llevaba, no uno, sino dos bastones. Uno en cada mano. Con gran esfuerzo, logró llegar a su banco para participar de la Eucaristía. Oí la misma melodía evangélica de sus zapatos cuando se acercó a la comunión. A quien no se escuchó es a Jesús gritar desde la Eucaristía: “¡Corre! ¡Venga! ¡Más rápido!”. En su delicadeza, Jesús esperaba a que mi nuevo amigo anciano llegara a su ritmo hasta Él. Le comprendía… y le esperaba. Y, cuando llegó, le abrazó.
Al ritmo de nuestro propio corazón
La tecnología, con todas las cosas buenas que tiene, nos impone un ritmo inmediato que no respeta la naturaleza de nuestro corazón, tan débil… En cambio, esta lógica evangélica del poco a poco podemos leerla en la belleza de la creación, en el trabajo manual, en la artesanía de la amistad. Así lo expresaba en siglo IV San Cirilo de Jerusalén:
“Qué bien nos regaló la luz del día avanzando poco a poco; porque no vemos que el sol salga todo de una vez, sino que la luz avanza primero un poco, para que la pupila del ojo previamente ejercitada pueda ver cuando los ratos del sol sean más intensos; al igual que suavizó la oscuridad de la noche con los brillos de la luna”.
Makaria: una artesanía que celebra el poco a poco
Desde Makaria cada pieza es fruto de un proceso lento y quiere ser una obra de amor, pues la belleza no es sino la manifestación del amor. Cada creación nace con el cariño que se pone en los gestos pequeños del día a día, sabiendo que, petit à petit, l’oiseau fait son nid.


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