Arte que abriga la infancia

Donación de una Makaria Abeba a la Fundación Soñar Despierto

Una invitación conmovedora

A finales de febrero, un día cualquiera, abrí el correo electrónico como de costumbre. En mi bandeja de entrada había un correo de la Fundación Soñar Despierto. Rocío, en nombre de la fundación, me invitaba a participar en su VI Rifa Solidaria que tendría lugar el próximo 16 de marzo donando una de mis obras. Al conocer su labor, no pude evitar conmoverme: “Acompañar y apoyar a los menores residentes en centros de acogida, centros abiertos y centros residenciales procedentes de ambientes marginales y familias desestructuradas, desde el momento de su entrada en el centro hasta que alcanzan la autonomía. Fomentar la participación social de la ciudadanía a través de acciones como el voluntariado implicado y responsable”. En otras palabras, palabras que ellos mismos emplean: “ABRIGAR LA INFANCIA”.

Las fuerzas que cambian la historia

Sin duda alguna, es muy doloroso palpar la realidad del desamparo en la infancia; sin embargo, no deja de ser una presencia misteriosa del Señor el hecho de que haya estas iniciativas que nacen de lo profundo del corazón. Recientemente he releído un bellísimo comentario de la Divina Comedia por un autor italiano, Franco Nembrini. En un momento cita esta verdad llena de luz: “Las fuerzas que cambian la historia son las mismas que cambian el corazón del hombre” (Manifiesto de Comunión y Liberación, recogido en Huellas n.1, 2011). Pienso que estas obras como la Fundación Soñar Despierto tienen, en su origen, este impulso.

Cuidar, guardar, proteger

Ahora me tocaba pensar qué obra donar. Como todo lo que se hace desde Makaria, quería cuidar la elección y que tuviera un sentido profundo. Recientemente había sacado la pequeña colección de Makaria Abeba, unas acuarelas verticales con las icónicas figuras femeninas africanas. En una de ellas había representado una mujer en actitud maternal hacia una niña pequeña que llevaba un cesto en la cabeza. Enseguida me vino a la mente una frase de una pensadora judía que me apasiona, Edith Stein (Santa Benedicta de la Cruz), “La mujer busca de forma natural abrazar lo que es vivo, personal e íntegro. Cuidar, guardar, proteger, nutrir y promover el crecimiento es su anhelo natural y maternal” (El ethos’ de las profesiones femeninas). Este pensamiento, la obra Makaria y la Fundación tenían para mí un mismo hilo conductor.

Esta vez, frutos visibles

Y, como todo lo que se hace desde el amor, este despliegue de la Fundación dio sus frutos, que esta vez fueron visibles: 3.200 participantes y 16.390€ recaudados para cubrir 55 plazas de campamentos de verano para los niños que custodia la Fundación. Quisiera dar la enhorabuena desde este rinconcito a la Fundación y animarla a seguir haciendo el bien, que siempre da fruto, aunque no siempre sean frutos visibles. Y, si quieres conocer más obras alimentadas por este espíritu de acogida y donación, te invito a disfrutar del Catálogo Makaria Spring-Summer 25.